GRIS 610 CAP. 3 (Escuchar con el ambien usic de los 2 cap. anteriores)

Capítulo 3

 

Desperté, puse mi computadora móvil cerca del cargador y envié la imagen a la pared. Miré al techo para cerciorarme de que el sistema de visión estuviese activo. Puse el canal de noticias y saqué un sándwich del refrigerador, “todavía hay suficientes para esta semana”, pensé. Tomé del fregadero un vaso con residuos sólidos de jugo de naranja y le serví un poco del mismo pero en estado líquido.

–…así es Ángel, parece que los grupos terroristas en contra del embellecimiento de la ciudad se han manifestado ayer en la noche después de la celebración, es el siguiente paso en su lucha por la alegada identidad de los atardeceres y tengo que decir que sus métodos son cada vez más agresivos…-

–Gracias Patricia por tu reporte, tenemos unas imágenes de la marcha, se las mostraremos a continuación.-

Levanté tenuemente la mirada como si me sintiera un buen ciudadano viendo las noticias. La pared mostro a los manifestantes en frente de la antena de telecomunicaciones con pancartas color gris. Ellos gritaban al unísono ¡Regrésenos el rosa! , ¡No limiten el espectro!, ¡No a la ceguera del rosa! Las pancartas tenían frases como Sin rosa no hay prosa o El rosa es vida.

–No distingue bien el sonido, pero, como ve usted querido ciudadano, los radicales piden las rosas, que supuestamente donaron, al comienzo de su lucha. Ahora las quieren de regreso, pero, como todos sabemos, la administración del país no puede, destinar recursos a reponer esas flores, que hoy en día, ya se encuentran marchitas. Ángel Martínez, noticas Moctezuma- agregó el comentarista con su pausado tono de noticiero sensacionalista.

“Así que a eso se refería el anciano” pensé. “No entiendo para qué quieren de regreso sus rosas los radicales, o por qué las donaron en una primera instancia, o qué tiene que ver con los atardeceres, pero supongo que pronto se arreglará el conflicto”.

Tomé el camión a la escuela. Delante de mí iban dos jóvenes universitarias platicando de sus actividades del fin de semana. El característico color durazno que tan de moda está, abundaba en sus prendas y accesorios. Las marcas de los diseñadores, sub diseñadores, fabricantes, productores, patrocinadores e inspiradores de mayor renombre eran ostentadas orgullosamente en su ropa indicando esa calidad, expresión y ergonomía que tanta fama les ha otorgado.

Llegué al Instituto Liderazgo, la universidad donde doy clases. El propósito por el que se fundó esta escuela fue para entrenar a los mejores profesionistas de la gerencia media que las empresas transnacionales pudieran pedir. Parte fundamental del éxito de esta institución es manufacturar autómatas que siempre lleguen temprano y se retiren tarde de sus trabajos, soldados que acaten las órdenes en la forma más eficiente y estructurada, centuriones que organicen a sus subordinados con el estoicismo de un búfalo africano, esculturas de bronce con el mayor nivel de inteligencia emocional, sencillamente, líderes. Otra parte del éxito de esta empresa son sus altas colegiaturas y la eficiencia en sus procesos de cobranza. Estas dos características repercuten directamente en el ligeramente superior sueldo de la docencia, y bueno, heme aquí.

Caminando por los pasillos intenté suprimir la extensa y abrumadora publicidad que bombardeaba el ambiente con tendencias de vestimenta, comida, diversión, música, partidos políticos, estilo de vida, personalidad y todas las cosas indispensables de la vida. “Me alegro que los jóvenes tengan una línea de vida que puedan seguir, no cualquiera es tan suertudo”, pensé.

La amplitud de los pasillos era sitiada por los puestos de agrupaciones estudiantiles. La hermosa sincronización de todos los alumnos cambiando de clase al unísono tonificaba los músculos de los cachetes y peinaba las barbas de los escolares al caminar. El bullicio que formaban todas las conversaciones circundantes era muy similar a un ruido azul, con las frecuencias más altas, pertenecientes a las voces de las estudiantes de matrimonología, siendo las más claras y sin duda las más molestas.

Finalmente llegué al aula donde daría clase. Me impresiona la vivacidad de los alumnos, siempre gritando frases ingeniosas, aunque algunas un tanto soeces. Sé que me los he ganado cuando, de cariño, me llaman Ber o Ber García ¡ha! Es tanta la estima que me tienen que lo repiten una y otra vez. La materia que imparto lleva el nombre de Formación Profesional para el Desarrollo de Actividades Ópticas y Electromagnéticas. El nombre evolucionó del mediocre Óptica y Electromagnetismo y éste a su vez del anticuado y obsoleto Electricidad y Magnetismo.

Todos mis alumnos me caen bien, salvo Diana. Diana es el tipo de estudiantes que ya tiene su futuro solucionado. Ya sea siendo mantenida por su padre, o siendo mantenida por su novio, o mantenidos ella y el novio por el padre, Diana disfruta su vida estudiantil en forma burlona, déspota, banal y generalmente estúpida. Ella tiene su séquito de admiradores y escaladores sociales que adicionan ego del que ya tanto ha invertido su padre en incrementar.

–¡Ash! Profesor, está muy difícil, mejor no pregunte esto en el examen- Vociferó Diana –Porque no sé si usted sepa, pero en las otras materias… – Continuó hablando pero lo que decía se amalgamó sutilmente en un chillido ininteligible.

Miré de reojo mi reloj. “Dos minutos, cuarenta y siete segundos y aparece la primer queja de Diana” pensé. Su agudísimo, gutural y cacareante tono de voz reverberaba en las paredes del aula mientras su cabeza trazaba círculos tan solo moviendo el fino y delgado cuello. Sus hermosos ojos color miel volteaban espasmódicamente hacia arriba al ritmo que su curva y suave mandíbula inferior se deslizaba hacia la izquierda dejando ver su perfecta dentadura en tonos perlados, circundada de unos labios color durazno delgados y hermosos. Su dedo índice largo y estilizado, con un manicure impecable, trazaba círculos en sincronía con el cuello en sentido contrario. Era impresionante la coordinación motriz con la que lograba semejante ademán. Toda esa belleza, toda esa delicia y sensualidad eran acribilladas por la insoportable actitud de esa pinche mocosa mimada.

–… por eso no se me hace justo. – Concluyó

–Sí, lo tomaré en cuenta señorita Gonzales de Navarro- Tartamudeé en la más nerviosa y patética de mis actuaciones. Por un segundo pensé en cuántas pastillas me quedaban en el frasco, pensé en meter la mano a la bolsa del saco, pero sería demasiado obvio, es importante no darle a los estudiantes algo de qué burlarse.

***

Después de clases fui a la cafetería, tomé mi charola y me formé en la fila. Hoy menú mediterráneo decía un letrero sobre el mostrador. Comí unos rollos de Sushi, unas enchiladas y jugo de mango. El menú incluía helado de fresa de postre, pero el color gris no me motivó para acompañar mi digestión. En vez de eso me terminé mi bebida y me tomé una de mis pastillas. “No necesito las pastillas, pero hoy Diana me alteró bastante” pensé.

Subí al camión, eran alrededor de las cuatro de la tarde y los niños regresaban de clases. Ávidos platicaban a sus padres de su día escolar. Frente a mí se sentaron dos jóvenes que se veían un tanto desaliñados y algo alterados.

–Sabes que no podemos hablar de esto aquí, no me preguntes- Dijo uno de pelo castaño claro.

El acompañante con facciones prehispánicas repuso:

–¡Ay!, ¡por dios!, tú crees que después de que en canal dieciséis salió la man….

–¡Shhhhhh! –Interrumpió el primero– Te pueden oír.

–Estoy harto de esto, me urge salir a la luz- Exclamó el segundo con un aire de coraje.

–¿No viste la noticia verdad?, para variar distorsionaron todo, la gente todavía no lo sabe a ciencia cierta- Continuó el primero en afán consolador.

–¿Qué?, ¿Lo de las rosas otra vez? – Pregunta retórica por parte del segundo con un gesto de reto.

El primero lo miró fijamente a los ojos con desapruebo y luego suspiró enfadado.

–Ya, ya, ya me callo- Dijo finalmente el segundo como cumpliendo con una obligación.

 

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